500 millas grises…

¿Y si nos comenzáramos a escribir en serio, el uno al otro durante un tiempo?

 escribir 2

Nos escribiríamos casi todos los días. Escribiríamos para entendernos a nosotros mismos, así como a los demás.

Nos escribiríamos para decirnos los secretos que no podemos compartir en nuestros propios rincones de soledad.

Sería bueno escribirnos.

Porque somos un tanto mejor que los silencios.

Aunque a veces, sea lo único bueno que tengamos de nosotros ese día.

De luz y de palabras…

luna (Pequeña) (Mediana)

Me desperté esta mañana agotada y no sintiéndome bien. Porque no dormí lo suficiente. Pero una llamada incesante del timbre de la puerta me sacó de mi cama caliente, maldiciendo a quien consideré inoportuno para despertarme a las siete y media de la mañana. Abrí la puerta.

Flores. Flores en la puerta. Un ramo hermoso. Anónimo

Traté de volver de nuevo a la cama, reapropiarme del sueño, pero hay algo sobre las tranquilas y primeras horas de la mañana en esta ciudad… que una vez que despierto, no puedo hacer nada para volver a dormir.

Me dirigí a la cocina, con los pies descalzos sobre la madera fría, observando las botellas vacías, los platos y vasos a lo largo del camino. Y me preparé una taza de café, siguiendo el ritual de cada mañana:

Destapar el frasco de vidrio del café molido.

Aspirar su aroma.

Elegir la taza (hoy fue una victoriana)

Esperar el silbido de la cafetera.

Para luego acomodarme en la silla justo frente a la ventana.

Y allí pensé en lo que ahora soy.  Supe que soy el producto de todos los rituales que he hecho en mi vida.

El aire es cada vez más frío ahora, va a paso ligero y con tanta prisa, que tengo la sospecha que no pasará mucho tiempo antes de que el frío golpee por las ventanas y las personas que ahora atraviesan la calle, y que toman su café mientras caminan a paso lento desaparecerán durante los largos meses de invierno. Imagino con nostalgia esa imagen, y se que sentiré la pérdida de su presencia.

Pero este tiempo de largas ausencias, anuncia también una esperanza.  Avisa también cómo el aire frío lleva en su espalda un sentido de posibilidad y de alegría.  Hoy soy esa chica que se siente optimista, hoy soy esa chica que mantiene un coqueteo, o quizá un amorío con la felicidad.

A veces puedo sentir esa alegría, esa felicidad, justo debajo de mi lengua, o detrás de mis ojos… a veces está justo ahí donde mi oído se topa con mi cuello… y de vez en cuando… cuando menos me lo espero, está en todas partes a la vez.

Hoy soy esa chica que se acaba de dar cuenta, que el orgullo no es bueno en mi vida. Que he sido lo bastante buena renunciando. Cediendo. Escapando. Permitiendo que el miedo me dicte sus formas.

Pero hoy estoy aprendiendo a luchar por mí misma. Aprendiendo a luchar por la oportunidad de lo que quiero y lo que me gusta y de lo que estoy destinada a hacer. Estoy aprendiendo a luchar por las palabras adecuadas y por el coraje para decirlas en voz alta. Ya no solo escribirlas, sino formarlas en mis labios y sentir cómo físicamente se mueven hacia arriba y fuera de mí.

La otra noche me dijo mi padre que cuando mi hermano y yo éramos pequeños corríamos gritando a la puerta cuando volvía del trabajo, -papá, papá! y mientras lo hacíamos, me gustaba desviarme a mi habitación, en silencio, para esperar que mi padre viniera a buscarme.

Sólo que ahora… ¿Estoy aprendiendo que no siempre se puede esperar a ser descubierto? ¿O es que mi hermano estaba en lo cierto? Ahora sé que a veces hay que correr precipitadamente y sin miedo a los brazos de alguien a quien quieras.  Así que aquí estoy tratando de hacer mi propio camino.

Seguramente mi decisión finalmente se inclinará en convertirme en  una participante activa en la creación de una vida, mi propia vida, en este mundo que elegí, en mi mundo de luz y de palabras…

Guapa…

 

sandia

Por la tarde, estuve en el balcón.

Moviendo los pies, en un intento de buscar un frágil equilibrio.

Tenía la cara roja, con manchas

(como una aparición de alergia repentina).

Y es que estaba comiendo sandía.

Noté que todo terminaba en mis dedos.

Me sentí todo un desastre.

De hecho, estoy bastante segura de que era un desastre.

Y justo en ese momento, cuando el jugo de sandía empezó a gotear por mi barbilla… saltó a mis pies, mi viejo gato-amigo.

Ronrroneándome me dijo:

– ¡Eh, que hoy estás hermosa!.

En ese momento, volteé al vidrio de la ventana, y  realmente me ví hermosa.

Ahí lo tienen.   ¡¡E – so – es – la – vi – da!!

La promesa…

gatoluna

       Presumo que a partir de ahora todo va a estar bien… lo supe cuando me encontré con ese viejo gato recostado sobre el barandal de la casa de junto… me dijo que podría sentirse mejor si pudiese estar en algún lugar al sur. ¿Qué sabes sobre el sur? pregunté… -la calle se siente de otra manera, dijo.

Y comenzó a llover.

El otoño se acerca, el viento sopla con más fuerza y hace tintinear las campanas del zaguán, la danza de la lluvia en el horizonte es frenética, la observo… mientras mi mano sostiene el recuerdo de aquella promesa de París.

 

¿Habrá por ahí un gato caminante?…

gato viajero

CAPITULO III

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